YO creo que si hiciéramos una encuesta en Cuba de imágenes arraigadas en los pueblos y ciudades del país la del “Niño de la Bota Infortunada”, obra enclavada en el parque Leoncio Vidal de la preciosa Santa Clara tendría, si no el protagonismo absoluto, al menos, un lugar de preferencia en la selección.
No es para menos, símbolo ya imperecedero de la urbe, alrededor de la imagen se tejen leyendas y, aunque la historia en sí misma es bien conocida, muchos se atreven a entremezclarla con algunos pasajes citadinos o con cierto niño que una vez fue testigo de este o aquel suceso.
Hace poco me llegó esta foto, tomada por una buena amiga de paso por la ciudad del Che y con ella reviví mi propia visita a ese lugar hace ya un tiempo y la combinación de remolino de gente y fresco infinito que se respira mientras se descansa en los bancos del parque y trasmiten tanta paz.
A mi Chiquito le encantó, me dijo que era un niño “valiente y muy bueno” y yo le prometí una visita futura a Santa Clara; el sitio que recuerdo siempre por la batalla final de los rebeldes del 59, la Loma del Capiro, las anécdotas del Mejunje y la Iglesia del Carmen.
Archivado en: Lo que me rodea

